Picoteos gourmet en diex minutos con un ingrediente estrella: el Paté
26 marzo, 2026

¿Cuál no es de La Cuina! Afinemos el paladar para encontrar al “impostor”

Imagina que es sábado por la noche. La mesa esta preparada para tus amigos o familiares, las bebidas están servidas y en el centro encontramos diferentes tablas cuidadosamente montadas, con unos productazos de delicioso aspecto. A simple vista, todo hace prever que se trata de un “inocente aperitivo”: bocados pequeños, apetecibles, con una presentación uniforme y cuidada y  pensados para comerse de un solo mordisco.

Hasta aquí nada hace sospechar que se trate de algo más que el inicio de una apetecible cena, con la que quieres agasajar a tus invitados. Pero ¿y si el aperitivo de siempre se ha convertido en un pequeños juego con el que pretendes despertar la curiosidad, las risas y cómo no, el paladar? Nuestra propuesta de hoy es copiar la dinámica del popular juego del “impostor”, llevándola al terreno gastronómico.

La idea es preparar una o varias tablas, con bocados elaborados (casi todos) con productos de La Cuina. Solo uno no utilizará nuestras delicias gastronómicas y será “el impostor”. La calve no está solo en incluirlo, sino en integrarlo visualmente para que pase desapercibido a primera vista. Todo, colores, formas, tamaños y presentación deben jugar a favor del engaño.

Cuando todos los comensales han llegado, lanzas una pregunta: entre estos entrantes se ha colado “un impostor”. Es decir, un producto que no es de La Cuina. ¿Quién lo encuentra?

Los ojos de tus invitados se abren como platos, sus miradas cambian automáticamente. “¡Pues no se trata de un simple aperitivo!”. Les acabas de proponer un reto.

La selección de canapés o aperitivos podría ser así:

Sobre una tabla de madera o una fuente grande colocas mini tostas con base crujiente. En algunas untas alguno de nuestros patés tradicionales o gourmet, cremas para untar o hummus y patés vegetales. Todas decoradas con algún toque verde por encima para unificarlas visualmente. Y claro, no olvides de “colar” un canapé con alguna crema o producto que no sea de La Cuina. Tenemos que conseguir que, aparentemente, todos tengan una textura cremosa, colores similares y una presentación idéntica. “Aparentemente”, porque uno de ellos no es de La Cuina.

También puedes montar otra tabla con charcutería y fiambres. Productos loncheados, charcutería al corte o embutidos y fiambres de especialidad. Puedes colocarlos encima de una tosta o servirlos directamente en la tabla, acompañados de diferentes panes y cómo no, del “impostor”. No olvides que todo debe estar cortado igual y colocado en abanico, o de una forma simétrica, para que sea imposible distinguir a simple vista cuál es el diferente.

Una última idea sería completar nuestra tercera tabla con vasitos o cucharitas rellenos de alguno de nuestros platos de pasta y gratinados, como las lasañas y canelones o nuestros platos preparados. Y entre ellos, servir una mini poción de algún producto que podría parecer nuestro, pero no lo es. Misma textura, mismo formato, mismo gratinado, pero al llevárselo a la boca, hay uno que no es igual.

Con nuestra mesa montada, comienza el juego:

El más atrevido se lanza el primero y coge un canapé:

  • “Está delicioso, seguro que es de La Cuina”.

Otra persona prueba un fiambre:

  • “Potente sabor perfecta textura…también diría que es de La Cuina”.

Poco a poco todos van probando los diferentes aperitivos. Se comparan impresiones, se discute, se duda…:

  • “Esta crema está muy fina, pero…no sé, la noto distinta. Creo que he encontrado el “impostor”.
  • “Pues a mí todos los gratinados me parecen iguales”.
  • “Tienes mal el paladar (contesta otro), porque clarísimamente aquí uno se ha colado”.

Esta es la gracia del juego. Si darse cuenta, todos están afinando el paladar. Comienzan a identificar matices, a comparar texturas, a prestar atención a los detalles que normalmente nos pasarían desapercibidos. En definitiva, no solo nos estamos divirtiendo, sino que estamos apreciando los productos que se nos ofrecen como nunca antes.

Cuando todos han catado nuestros canapés o entrantes, llega el momento de votar. Cada comensal señala cuál cree que es el impostor. Y cuando todos han dado su opinión, se revela la respuesta.

Seguro que alguno estaba en lo cierto, pero más allá de acertar o no, lo más importante es lo que ha pasado durante el proceso. Un simple aperitivo se ha transformado en toda una divertidísima experiencia compartida, una conversación e intercambio constante de opiniones y un pequeño juego, que nos ha mantenido a todos conectados y con nuestros cinco sentidos centrados en aquellas elaboraciones que con tanto mimo se nos han preparado.

Lo más interesante de nuestra propuesta es que, sin necesidad de decirlo explícitamente, ponemos en valor algo fundamental: cuando un producto tiene calidad y personalidad propia, se reconoce. No hay necesidad de etiquetas ni explicaciones elaboradas. Su sabor textura y carácter hablan por sí solos.

El “impostor”, cumple una función casi narrativa No está ahí para “engañar” sin más, sino para generar contraste. Es el elemento que obliga a afinar el paladar, a detenerse un poco más en cada matiz. A veces será fácil de detectar, otras, no tanto. Aquí es donde reside la diversión, en la duda, el debate y cómo no, la satisfacción de quién ha descubierto el engaño.

Este tipo de propuesta admite muchas variaciones. Se puede hacer más difícil, añadiendo más “impostores” o más sencillo, reduciendo las opciones. Incluso puedes cambiar la temática: todo frío, todo caliente, todo crujiente, pero siempre manteniendo la esencia del juego.

Además, esta experiencia tiene algo especialmente valioso: no requiere de grandes preparativos o conocimientos técnicos. No tenemos que ser expertos gastrónomos para elaborarla o disfrutarla. Al contrario, cuanto más relajado y espontáneo sea el ambiente, mejor funciona y más divertido y participativo resultará.

Así que, la próxima vez que quieras sorprender a tus invitados sin complicarte demasiado en la cocina, prueba este juego. Prepara una selección de productos, cuida la presentación y lanza la pregunta: “¿Cuál no es de La Cuina?. A partir de aquí, deja que los paladares hagan el resto…

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