
Hay un momento en el día que, sin duda, es el más esperado. No aparece en ninguna agenda, no tiene una hora concreta y tampoco requiere de grandes preparativos. Simplemente llega y te hace feliz. Es ese instante, después de un día de horarios enloquecidos, mochilas, actividades extraescolares, deberes, baños, cenas, lavadoras y muchas cosas más, en el que la casa se queda en silencio, los peques duermen y tú ,por fin, respiras.
Con tus hijos en la cama, la cocina recogida y el ordenador cerrado, has puesto fin a las tareas urgentes pendientes. Te sientas en el sofá y piensas: ¡Éste es mi momento!
Un pequeño “oasis” al final del día
Septiembre supone la vuela a la rutina. Regresan las prisas, el estrés y las agendas repletas y nos suele costar volver a acostumbrarnos a la vida enloquecida del trabajo y los coles. Pero debemos pensar en positivo y la vuelta a la rutina también tiene partes más que positivas, como que recuperamos pequeños momentos y rituales que hacen que la vida cotidiana sea mucho más agradable.
Uno de ellos es, sin duda, el momento de calma del final del día.Tal vez te apetezca poner ese capítulo de la serie que llevas días intentando terminar o leer unas páginas de tu libro antes de dormir. Quizá sea el mejor de los ratos para sentarte con tu pareja y contarle cómo te ha ido el día, sin prisas y sin interrupciones. O simplemente te apetezca disfrutar de ese silencio que, después de una jornada intensa, también puede ser un auténtico lujo. Y si a todo esto le sumas algo rico que llevarte a la boca ¿qué más se puede pedir?

Hacer de una cena sencilla un momento especial
Si algo no te apetece en este momento del día es pasarte una hora en la cocina. Y de hecho, ¡ni falta que hace! Muchas veces la mejor opción es, precisamente la que no da trabajo.
Y aquí es donde entran a jugar los patés de La Cuina: abrir, servir y disfrutar.
Solo necesitas un buen pan, unas tostadas o unos crackers y, en cuestión de minutos, tienes preparado un pequeño picoteo perfecto para dar sabor y añadir placer a ese rato desconexión.
Pedes elegir tu paté favorito y dejar que sea el auténtico protagonista de la velada o preparar una pequeña tabla con varios acompañamientos.
Además de los panes, puedes acompañar el paté con unos frutos secos, unas uvas, una mermelada, algún encurtido o unos trocitos de queso.
Sin recetas, sin complicaciones, sin tener que trabajar o pensar demasiado, tendrás un picoteo de lo más apetecible. Porque, precisamente, ese era el objetivo: dejar de hacer cosas durante un rato y empezar a disfrutar.
El plan perfecto puede ser no tener ningún plan
Hay noches en las que te apetece hacer algo y otras en las que lo único que queremos es no hacer absolutamente nada de nada. Y las dos opciones son perfectas.
Quizá hoy toca sofá y una serie. Mañana, unas páginas de ese libro que tanto te está gustando pero que tienes abandonado en una mesilla. Otro día puede apetecer una charla tranquila en pareja, acompañada de una bebida y unas tostas con paté… Incluso puede ser que tu plan favorito sea sentarte unos minutos sin televisión, sin móvil y sin ruido, simplemente a disfrutar del silencio y la calma.
Lo importante no es lo que haces, sino el hecho de encontrar ese pequeño espacio para ti, que te da ánimos a lo largo de todo el día. Y es que, después de una jornada en la que no has parado de un lado para otro y de ocuparte de todo y de todos, esos minutos para uno mismo tienen un valor especial. Y recuerda: no hace falta esperar al fin de semana, a las vacaciones o a una ocasión especial para darte un capricho o simplemente un momento de paz y relax.

Te mereces un capricho
Solemos pensar que los caprichos son algo excepcional para momentos especiales. Algo que reservamos para una celebración, una cena con amigos o familia o una ocasión que celebrar. Pero ¿por qué no convertir un martes cualquiera en un pequeño momento especial?
Después de un intenso día, abrir un paté de La Cuina, preparar unas tostas y sentarte cómodamente en el sofá puede ser ese gesto sencillo que marca la diferencia entre terminar el día estresado o hacerlo disfrutando y cargándote de “pilas” para afrontar la siguiente jornada.
Como has visto, no necesitas mucho. La compañía que te apetezca, si te apetece, algo rico que llevarte a la boca y un poco de tranquilidad. Porque el verdadero lujo, muchas veces, es tener unos minutos en los que nadie te reclama, no tienes que correr ni dar cuentas y puedes hacer exactamente lo que te apetece.
Y ahora sí: este momento es para ti
Ahora te toca poner todo lo anterior en práctica. Cuando la casa se calme esta noche, recuerda que el día no tiene por qué terminar justo cuando se acaban las obligaciones. En ese preciso instante es cuando comienza el último y puede que el mejor capítulo: ¡el tuyo!
Apaga las luces que no necesites, ponte cómodo o cómoda, prepara unas tostadas de un buen pan, abre el paté de La Cuina que más te guste y disfruta de cada bocado y cada momento de calma. Sírvete una copa de vino, abre un libro o pon esa serie que tienes pendiente. Comprobarás que no hace falta montar una cena especial para disfrutar del más especial de los momentos.
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